Cómo mejorar tu bienestar sexual
El bienestar sexual no consiste solo en placer o técnica: tiene que ver con la seguridad, la confianza, el consentimiento y conocerte lo bastante bien como para honrar lo que deseas. Para muchas de nosotras, esas lecciones llegan demasiado tarde. Yo crecí oyendo advertencias constantes sobre el embarazo, pero nadie me enseñó a proteger mis límites ni a confiar en mi intuición. Ese vacío marcó mis primeras experiencias de formas dolorosas, y necesité años para desaprender la culpa y volver a aprender mi propio valor hasta reconstruir una relación sana con la intimidad. Así ha sido ese camino, y así sigue desplegándose todavía.
Empecemos por un punto bajo. El Me too llegó demasiado tarde para mí. Cuando era adolescente, todo el mundo me decía cómo protegerme de un embarazo no deseado. Pero cuando era adolescente, nadie me dijo cómo protegerme del acoso sexual. Nadie me habló del consentimiento. La “revista para chicas” que leía entonces dedicaba más tiempo a debatir qué posturas daban más placer a un hombre que a enseñarme a expresar mis necesidades. Así que, cuando empecé a tener una vida sexual activa, apareció un chico al que, por lo visto, tampoco le habían enseñado esas cosas. Me presionó y me manipuló, intentando que me acostara con él. Me hizo cosas que yo no quería y que afectaron profundamente a mi confianza y desde entonces entorpecieron mi bienestar sexual, porque durante bastante tiempo me sentí culpable por ello.
Por qué el tiempo importa
Una gran cosa que Chyrpe me ha enseñado hasta ahora es que necesito dedicar más tiempo a pensar qué es lo que de verdad quiero. Hasta ahora, todos los chicos que he conocido en Chyrpe estaban muy orientados al consentimiento. Me preguntaban qué buscaba, qué quería hacer o probar, pero también por mis límites. A algunos les hablé de mi pasado difícil con los hombres y, además de quedarse perplejos ante el comportamiento inapropiado de otros hombres, fueron comprensivos y pacientes con ello.

No me metieron prisa. No trataron mi vacilación como un problema que hubiera que resolver, sino como algo que explorar juntas. Y eso lo cambió todo. Me di cuenta de hasta qué punto mis primeras experiencias sexuales habían estado moldeadas por el miedo: miedo a decepcionar a alguien, miedo a ser “difícil”, miedo a decir que no. Con estas nuevas experiencias, por fin tuve espacio para sentir algo distinto: curiosidad, no obligación.
Pasos que dar
Mejorar tu bienestar sexual no consiste solo en encontrar a las parejas adecuadas. Consiste en aprender el lenguaje de tu propio cuerpo: qué lo hace vibrar, qué lo tensa, qué lo deja en silencio. Consiste en darte cuenta de cuándo haces algo porque de verdad lo deseas, y cuándo porque sientes que se espera de ti.
Empecé a decir que no a las cosas que no me sonaban bien. También aprendí poco a poco a decir que sí a las que sí, a mi propio ritmo. Escribía en un diario después de los encuentros, no para ponerles nota, sino para entenderlos: ¿Qué disfruté? ¿Qué me resultó incómodo? ¿Qué me sorprendió?
La duda y la culpa tienen que terminar
En algún punto del camino, la vergüenza empezó a derretirse. Dejé de culparme por decisiones que tomé cuando aún no tenía las herramientas. Dejé de fingir que, si hubiera sido “menos ingenua”, no me habrían hecho daño. En su lugar, le ofrecí compasión a aquella versión más joven de mí misma. Hizo lo mejor que pudo con las migajas de orientación que tenía.
Cuanto más practicaba hablar con honestidad, online, offline, en la cama, fuera de la cama, más en su sitio parecía estar todo. La confianza no me fue entregada de golpe; sigue creciendo despacio. Y, curiosamente, el placer se volvió más fácil no porque yo me esforzara más, sino porque por fin me sentí lo bastante segura como para relajarme dentro de mi propio deseo.
Ese es ahora, para mí, el corazón del bienestar sexual: no los trucos, no los juguetes, no la técnica, sino la seguridad, el consentimiento, la curiosidad y elegirme a mí misma primero, siempre.